El diván del loco

ahora desde Alemania

Primer paso: La decisión de abandonar la residencia en España

Saludos de nuevo,

he pensado en ir haciendo una cronología de lo que he ido viviendo hasta llegar en algún momento a una entrada que refleje mi situación actual. En este año tengo muchas anécdotas almacenadas en mi cabeza. Empecemos por “el primer paso” o como tomé la decisión de dejar mi plaza de residente en España.

Empezaré siendo sincera. Si en mi examen MIR hubiese tenido número suficiente para hacer una de las especialidades que barajaba no os estaría escribiendo estas líneas desde Alemania. Una vez con mi número de MIR y las posibilidades que tenía sobre la mesa me senté a hablar con las personas más importantes en mi vida de cara a tomar una decisión que condicionaría mi futuro.

Continuando con la sinceridad he de decir que mi primera decisión fue no elegir plaza y volver a presentarme al examen al año siguiente. Era la opción lógica y tenía el apoyo de mi familia al respecto. Sí, como habéis escuchado, mi familia estaba dispuesta a seguir teniendo un año más a ese “ser” entre sus filas, monotemático y que aún por encima usa jergas raras como “neta”, “precentil”, “simulacro”… (dos años después ya no me acuerdo de muchas).

Finalmente después de una larga reflexión decidí aparecí en la puerta del Ministerio con sólo un objetivo. Medicina de familia en un hospital cerca de casa (me permitía ahorrarme el alquiler y así poder tener unos ahorros por un “y si…”). De todas mis posibilidades era la menos mala y la que algo me convencía.

Le di una oportunidad a la medicina de familia después de una larga charla con un familiar muy cercano, una medico de familia de profesión y enamorada de su especialidad y que me animó a darle una oportunidad a “la amiga fea del grupo”. Mi elección de centro de salud fue el que mejor y más completa formación me podía ofrecer (sala de ecografía propia, espirometría, cirugía menor todos los miércoles…).

Los residentes de familia en mi unidad docente empezamos con 6 meses de centro de salud. Me sentí bien y cómoda durante esos 6 meses aunque la vida de consulta no me acababa de convencer del todo. Una de las partes que me enamoró durante este tiempo fue la ecografía, teníamos un ecógrafo en la consulta y mi tutor me lo dejaba usar siempre que quisiese!!

Aprendi ecografía en la facultad gracias a un muy buen profesor de rayos que decía que era el estetoscopio del futuro y que cuando nosotros fuésemos adjuntos sería impensable que un médico no supiese hacer una ecografía básica al lado de la cama del paciente con un ecógrafo portátil. Aprendimos ecografía en la facultad con las imágenes en un proyector. El salto de la facultad al ecógrafo en mano fue grandísimo y, aún por encima, el ecógrafo del que disponíamos no era muy bueno. Y para mi lo más jodido de la ecografía sigue siendo el poder ser capaz de encontrar yo la imagen. Durante esos 6 meses con nuestro ecógrafo aprendí yo sola a hacer ecografía de hígado, vesícula biliar, renal, vejiga urinaria y próstata. La limitación técnica del aparato hacía que un páncreas ni se intuyese, la ecografía de intestino impensable, el útero y la próstata de los pacientes se “intuía”. Aprendí ecografía de batalla, y de las que me ha sacado en estos años esa ecografía de batalla!! (ya os contaré)

Fui siendo consciente poco a poco que la consulta del día a día no me acababa de llenar, que esa parte del trabajo del médico de familia no me acababa de convencer. He de decir que me ha tocado vivir la época de recortes sin sustituciones y listas de pacientes cargadas (cada 7 minutos un paciente). Me ha tocado la época de recortes en las que a un médico de familia no se le permite pedir algunas pruebas, aunque justifique el por qué, por el mero hecho de estar en consulta. No estoy de acuerdo con no hacer una prueba diagnóstica que al paciente le “ahorra” una visita extra al especialista (cuando ya lleva algún resultado que orienta un diagnóstico) por el simple hecho de ser de primaria. Todos deberíamos, en época de recortes, justificar por qué pedimos una prueba cara. Y… si el médico que la pide la justifica y con ello implica un tratamiento/diagnóstico del que se va a beneficiar el paciente… como si la pide el hidrólogo de Cuenca!!

Una vez convencida de que en el día a día de primaria en consulta hasta mi jubilación no me sentiría completa me quedaba la otra salida de los médicos de familia: “la puerta”. La puerta, esa temida puerta. La primera guardia y mi primer paciente. Recuerdo como si fuera ayer a un adjunto que me dijo “toma ve a ver a este paciente” a lo que yo contesté con miedo “PERO SI ES UN NARANJA!!!!!”. Me miró con ternura, me dijo que fuera yendo y hablando con el paciente que el llegaba en un rato.

La vida en la puerta de urgencias me gustaba. Mi hospital no era lo suficientemente grande para tener dividida la urgencia por nivel de estado crítico del paciente, llegaban a las bandejas de los adjuntos y tu elegías el que te daba la gana. En mi estancia en puerta había dos tipos de compañeros residentes, los de los “azules/verdes/amarillos” y los de los “naranjas/rojos”. Yo fui siempre de las que prefería ver a un crítico antes que a el/la paciente X que llega a las 4 de la mañana con una cistitis y que no fue al médico de familia (de tarde) porque no sabia que su médico tenía cupo de tarde… El problema era que yo veía a un crítico muy crítico muy crítico y mientras que lo estábamos estabilizando al poco rato llegaban los de intensiva y se llevaban al paciente… luego teníamos a un crítico que necesitaba ventilación mecánica no invasiva y se iba a la unidad de corta estancia… teníamos un paciente que necesitaba ingreso y bajaba el residente/adjunto de interna a ingresarlo… Durante mi año largo de residencia me he dado cuenta de que la urgencia me gustaba, las guardias me gustaban pero de el otro lado… yo quería ser el que luego seguía tratando al paciente que ingresaba y ver como evolucionaba.

Mi contacto con la planta hospitalaria fue durante 8 meses en distintas rotaciones. Esa parte me encantó. Veía al paciente que había ingresado por la noche, iba viendo su evolución día a día, tomaba decisiones con los adjuntos y veía sus consecuencias a medio plazo. Durante esos meses me di cuenta de como quería ejercer la medicina y que la especialidad que estaba haciendo no me lo iba a poder dar nunca. Siempre me acordaré de un sábado con paciente sordomudo y ceguera en un ojo que tras una buena anamnesis y exploración física me llevó a llamar al internista de guardia (neurólogo que pasaba planta conmigo) y decirle… tengo una hemianopsia temporal de paulatina evolución, tenía sospecha de un tumor y le hice un TAC que creo que lo confirma, vienes y vemos juntos al paciente para ingresarlo? Ese día no había residente de interna por lo que, a escondidas de mis adjuntos de urgencias, ingresé yo (bajo supervisión) al paciente en neurología. Ese día acabé la guardia feliz y realizada. El lunes siguiente el paciente estaba en mi lado de la planta y pude ver su evolución. Así supe en que dirección quería encaminar mi carrera.

Le di una oportunidad a la medicina de familia y la abracé con ilusión. Me desviví en mi trabajo de residencia y mi evaluación del primer año fue la mejor dede que 4 años antes la R4 que acabó cuando yo entré había tenido una evaluación similar. He visto como mi tutor ama su profesión y la ejerce con felicidad día a día y eso repercute en sus pacientes. Me di cuenta de que nunca iba a poder ofrecerles algo así y que no sería feliz siguiendo ese camino hasta el final.

Soy consciente de que elegí una plaza de medicina de familia y la abandoné sin completar mi formación. Soy consciente de que puede ser que alguien que quería mi sitio no lo haya conseguido por mi culpa. Soy consciente de lo que se dice en los foros MIR de la gente que pregunta “me recomendáis coger familia para luego renunciar y volver a presentarme al MIR?”. Siento mucho si alguien en mi año se quedó fuera del cupo o no pudo elegir mi hospital por mi culpa pero… si medicina de familia me hubiese llenado al 100% y me imaginase como médico de familia de aquí a mi jubilación o más allá… ahora mismo estas líneas no estarían escritas desde Alemania.

Un saludo, nos vemos en la próxima entrada.

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Reapertura oficial del blog

Saludos a mis abandonados seguidores del blog. Por curiosidad entré a mi blog y viendo las estadísticas del mismo me he dado cuenta que, pese a mi “muerte blogera”, sigo teniendo visitas.

Aprovecho esta corta actualización para anunciar una serie de nuevas entradas al respecto de mi vida actual.

La última vez que actualicé el blog estaba de vuelta en casa tras mi examen MIR. Hoy os escribo desde la Selva Negra en Alemania, después de una jornada de trabajo como médico residente. Entre esos dos puntos han pasado 1000 aventuras y creo que mi experiencia puede ayudar a quienes estén pensando, como yo en su momento, en hacer las maletas y venirse por estas tierras a probar suerte.

Un saludo (en la foto están las famosas cataratas de Triberg, aún no he tenido el privilegio de visitarlas pero está en mi “To do list”)

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